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LAS MANOS DE DIOS DE AUGUSTE RODIN (Paris 1840-1917)

LAS MANOS DE DIOS DE AUGUSTE RODIN (Paris 1840-1917)

PENSÉ MUCHO EN DISTITAS ALTERNATIVAS PARA ELEGIR UNA IMAGEN QUE REPRESENTARA EL ESPIRITU DE CONSULTORIS- VITAE DOLOR,  PERO NO QUERIA SOLO UN LOGO SINO ALGO QUE TUVIERA UN SIGNIFICANTE SUPERIOR .

 

ESTIMO QUE LAS MANOS DE DIOS HECHAS POR AUGUSTE RODÍN SINTETIZA EL CONOCIMIENTO  DEL SER HUMANO  Y SU PERFECTA ANATOMIA CON LAS MANOS COMO UNICA HERRAMIENTA CON LA QUE CONTAMOS PARA LLEVAR A CABO NUESTRA PROFESIÓN EN EL ALIVIO DEL DOLOR DE NUESTROS SEMEJANTES.

                    ASI SEA

                   DONATO DE NICOLA.

LAS MANOS DE DIOS

DE AUGUSTE  RODIN

(Paris 1840-1917)

En Rodin,  El fragmento ha sido, por excelencia, el pedazo de estudio, el boceto preparatorio fundamento de su modernidad, el fragmento deviene en obra.

“Sólo fragmentos, a lo largo de metros”,- describe Rilke-.

Algunos desnudos del tamaño de una mano, otros mayores, pero sólo pedazos…Y cuanto más miramos, más profundamente se percibe que todo esto sería menos completo si cada figura lo estuviese. Cada uno de esos restos posee una coherencia tan excepcional y tan asombrosa, cada uno es tan indudable que nos olvidamos que son sólo partes, y a menudo partes de cuerpos diferentes.

Adivinamos de súbito que enfocar el cuerpo, como un todo es más bien el asunto del sabio, y el del artista, crear a partir de estos elementos nuevas relaciones, nuevas unidades, mayores, más legítimas, más eternas.”   (Rilke: Carta a Clara Westhoff )

La autonomía de un fragmento considerado como una obra en su totalidad depende de las prioridades del artista. La cualidad del modelado, y como consecuencia de la expresión no   depende de su acabado o de su completar. El pedazo es bello en sí. Un fragmento basta para restituir el genio de Fidias. Toda su vida Rodin medita sobre los clásicos, de los que utiliza fragmentos.

En palabras de Rilke:                        

en la obra de Rodin hay manos, pequeñas manos autónomas que viven sin pertenecer a ningún cuerpo. Manos que se levantan, nerviosas y enojadas; manos de cinco dedos tensos, que parecen ladrar como las cinco fauces de un Cerbero; manos que caminan criminales, con males hereditarios, y otras manos que están cansadas, que no quieren nada más , que se acostaron en un rincón como animales enfermos que saben que nadie los puede ayudar.

Pero las manos son de por sí un organismo complicado, un delta en el que confluye una vida abundante que viene de lejos para desembocar en la corriente poderosa de la acción.

Hay una historia de las manos; tienen efectivamente su propia cultura, su belleza peculiar; “se les concede el derecho de tener una evolución propia, deseos, sentimientos, manías y  aficiones.”

Como Rodin describe su escultura “La mano de Dios”:

“todo es bello. El modelado es sólo uno. Dios lo ha hecho

para reflejar la luz y retener la sombra. Es la mano de Dios.

Sale de la roca, del caos, de las nubes. Tiene el pulgar de un

escultor. Sostiene el barro y con esto crea a Adán y a Eva”.

La mano gigante que petrifica a la primera pareja es la del escultor. Además esta mano es exactamente la de la Capilla Sixtina. La imagen no se debe interpretar en el sentido del artista que imita al arte, sino en el del artista que crea su propio universo y sobre todo que domina la materia.

Como el poeta Rainer Maria Rilke (1875-1926) captó perfectamente el significado profundo de cada una de las actitudes de los personajes del escultor.

“Creó al viejo hombre con los brazos caídos que tiene

debilitadas las articulaciones, y le dio un paso pesado y

arrastrado, el paso gastado de los viejos, y una expresión de

cansancio que fluye de su rostro hasta su barba. Prendió fuego

a su fuerza y en él se consume, en su terquedad.” “Creó al

hombre que leva la llave. En él queda todavía vida para

muchos años, todos comprimidos en su repentina última hora.

Le cuesta soportarlo. Sus labios están apretados, sus manos

muerden la llave.” “Creó al hombre que sostiene con las dos

manos la cabeza bajada, como para recogerse, para estar

todavía unos instantes a solas.” “Creó a los dos hermanos, uno

que mira aún hacia atrás, mientras que el otro baja la cabeza

con un gesto de resolución y de sumisión como si ya se la

presentase al verdugo.” “Y creó el gesto vago de este hombre

que atraviesa solamente la vida. Ya se va, pero se gira hacia

atrás todavía, no hacia la ciudad, no hacia los que lloran, ni

hacia los que lo acompañan. Se gira hacia atrás, hacia sí

mismo. Su brazo derecho se eleva, se doblega, vacila…”

R. M. Rilke: Auguste Rodin, Berlín, 1903

 

LAS MANOS DE DIOS DE AUGUSTE RODIN (Paris 1840-1917)

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