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ASESINOS DEL AMOR- Segunda parte: los Celos

ASESINOS DEL AMOR- Segunda parte: los Celos

CelosLos celos representan una respuesta emocional compleja y perturbadora, que aparece cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera como propio.  Se denomina de esta manera a la sospecha, inquietud o certeza ante la posibilidad de que la persona amada reste atención en favor de otra. También se conoce así, al sentimiento de envidia hacia el éxito o posesión de otra persona.

Los celos representan una de las emociones más naturales o esenciales y al mismo tiempo, una de las más oscuras, dañinas e incómodas que existen.

Este mal de los hombres se los puede encontrar en la Biblia, las Tragedias Griegas,  Shakespeare y en infinitas obras literarias, cinematográficas, pictóricas y en todas las Artes en general ,  en todas las culturas y en todos los tiempos.

Hay quienes creen que los celos son otra forma de envidia pero, a diferencia de esta, los celos aparecen más bien como un temor, como el miedo a perder determinada cosa, objeto, función o relación, entre otras cosas. Para entender mejor ambos conceptos, veamos cómo define estas emociones el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE).

Envidia

  • Tristeza o pesar del bien ajeno.

  • Emulación, deseo de algo que no se posee.

Celos

  • Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona.

  • Recelo que alguien siente de que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda llegue a ser alcanzado por otro.

  • Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra.

Entonces podemos diferenciar estas emociones al tener en cuenta quiénes o qué cosas entran en juego.  Así, decimos que la envidia se refiere a algo que alguien más posee mientras que el celo refiere al temor ante la pérdida de perder algo que nosotros poseemos.

La psicología actual explica que los celos son la respuesta natural ante la amenaza de perder una relación interpersonal importante para la persona celosa. Los celos parecen estar presentes en todas las personas, indistintamente de su condición socio-económica o forma de crianza y manifestarse en personalidades que aparentemente parecían seguras de sí mismas. Una característica que parece destacarse en las personas celosas es tener rasgos de egoísmo. Los celos también tienen relación con la vergüenza que es una respuesta natural del organismo. Muchas de ellas, una vez que los padecen, se sorprenden de si mismas ya que ni siquiera sospechaban que los padecieran. Los celos pueden ser sanos cuando lo que se demanda es algo que se debe hacer sobre una base de equidad en la pareja; sin embargo acudir a este tipo de conducta refleja carencias personales muy profundas.

CELOSA pesar de que en la antigüedad, las causas de este fenómeno fueron adjudicadas a deidades o entidades sobrenaturales e ilógicas, hoy sabemos que la responsabilidad es nuestra. Desde el campo de la ciencias, como la Psicología y particularmente desde la Psicología Evolutiva, sabemos que todo pasa por nuestros cerebros, tanto la forma en la que establecemos nuestras relaciones, como la manera en que buscamos mantener  las mismas.

En sí, de acuerdo a diversos psicólogos contemporáneos, los celos son una respuesta emocional inherente a la naturaleza de los Hombres, donde tanto en hombres como en mujeres ocurre de la misma manera y esta ligado a  la cuestión de buscar proteger lo que se quiere.

Los humanos aprecian, quieren y aman sus pertenencias, sus puestos de trabajo, sus amigos, sus parejas, etc., y la idea de perder ese vínculo o tan solo peligrar su existencia, los martiriza con este horrible sentimiento.

Además de ser “una cólera que se manifiesta por la violencia o el silencio”, son también “un duelo a repetición, puesto que en cada acceso de celos el sujeto vuelve a perder su objeto”. Envuelven tanto “la furia de la desposesión” como “el placer logrado con el sufrimiento” y son “el correlato narcisista del riesgo de amar”.

A partir de ese verdadero síntoma somático, organiza sus pensamientos y movimientos en torno de los pensamientos y movimientos del objeto amado o, al menos, investido de un interés libidinal. Se muestra más que preocupado por sus idas y venidas, por sus movimientos, sus emociones, sus encuentros, en suma, por el empleo de su tiempo, ya que sospecha que ese ser amado es capaz de organizar su pensamiento y su acción en torno de una esfera ajena, en un medio de tentaciones donde se producirá el encuentro fatal con algún pérfido seductor (o con alguna fatal seductora), cuyas maquinaciones imagina.

Al principio es un afecto, una cólera que se manifiesta mediante la violencia verbal y física o el silencio malhumorado, vinculado con una situación frustrante, de angustia y de agitación. En tanto afecto, los celos inciden intensamente en el cuerpo. El que experimenta celos siente un nudo en el estómago, provocado por la lucha cuerpo a cuerpo con ese otro que se desdobla, frente a quien siente simultáneamente hostilidad y una dolorosa cercanía.

CELOS

El celo carnal se expresa cuando se hacen demandas inapropiadas y cuando ejercen sentimientos enfermizos porque las demandas no son satisfechas. Este sentimiento refleja una cierta inseguridad emocional por perder dominio o sentir menoscabo en una relación interpersonal. Los celos se manifiestan ante la aparición de una situación o persona que el yo-interno clasifica como mucho más dominante y competitiva. Los celos provocan que el sujeto que los padece, se sienta vulnerado y ejerza un sobredominio de la persona objeto del celo, atrapándola en una red de cirscuntancias opresivas tales como privarla de la libertad, aislarla, seguirla al trabajo, revisar sus relaciones externas, buscar una evidencia de traición etc.

Además de las circunstancias causadas por el libre albedrío que todo el mundo tiene, es la cuestión principal de los celos de origen psicológico. Los estudios de Egene W. Mathes, de la Western Illinois University, quien realizó experimentos de campo para comprobar las hipótesis de Greg White respecto a los celos, la persona “celosa” (A) siente celos en su relación con la persona “celada” (B) al aparecer el “intruso” (C) – que puede ser otra persona o circunstancia – debido a dos razones fundamentales:

  • la pérdida de la relación representaría la pérdida de las recompensas y beneficios que dicha relación reportaba.

  • la persona celosa ya no podrá compartir momentos de buena calidad o gratos con la persona celada: ya no conversarán, jugarán, o dormirán juntas, por ejemplo.

  • la pérdida merma la seguridad en sí mismo o autoestima: para la persona celosa (A), la persona celada (B) habría de elegir entre ella (A) y el “intruso” (C) y habría optado por el último (C), lo que sugeriría que (C) es más importante o mejor que (A).

Este “intruso” (C) puede ser otra persona (por ejemplo el nacimiento de un nuevo hermano en el contexto familiar), o alguna situación externa (por ejemplo cuando la esposa ingresa a trabajar por primera vez y dedica menos tiempo al hogar, o surge una buena amistad a (B).

CELOSEsta situación entre (A) y (B) puede ser creada también por el entorno de trabajo, amistades o familia, aunque no tengan un interés directo en la relación entre ambos (envidia).

Frecuentemente cuando hablamos de personas celosas nos encontramos un perfil definido por la pasión, la ansiedad, el neurotismo e incluso algo de sadomasoquismo. Estas personas tienen un profundo sentimiento de abandono, que la otra persona se ha reído de ellos y sus sentimientos, que los han utilizado …todo esto les puede llevar del amor al odio en cuestión de segundos y el objeto de su amor pasa a ser el objeto de su actual odio. Cuando se llega a esta situación es cuando se pueden producir las agresiones físicas y psicológicas.

Los celos mal llevados al extremo constituyen una patología fuertemente autodestructiva; el sujeto que padece esta enfermedad “vive” en un estado de infelicidad, en función de sus miedos y sospechas de engaño, muchas veces completamente infundados y prácticamente no acepta otra condición de verdad que no sean las evidencias que confirman su inseguridad en la relación. Los celos patológicos pueden manifestarse indistintamente en hombres o mujeres.

Los celos causan mucha angustia e infelicidad y aún provocar el daño al ser objeto del celo, incluso hasta provocar una respuesta física de agresión desmedida terminando, en la reclusión (secuestro), en el asesinato o agresión física. Este nivel de celo es muy difícil de curar y las personas que lo padecen tienen grandes posibilidades de llegar a situaciones extremas si no se someten a un especialista.

Tipos de celos

  • Celos de confraternidad: son los llamados celos de un hijo que va a tener un hermanito, al cual enfocan toda su atención sus padres, lo cual causa mucha incomodidad en el infante que ha estado acostumbrado a recibir el cariño sólo a él y será cuestión de tiempo para que acepte que su hermano y él obtendrán el mismo cariño; pero en ocasiones esos celos perduran hasta la adolescencia e incluso hasta la edad adulta y aquí se presenta un tipo de celos más cercano al odio, que puede conducir a malas actos en contra de los hermanos menores.

  • Celos juveniles: son presentes en relaciones juveniles en la adolescencia, a donde un adolescente empieza a buscar su pareja y cuando otro ya la ha conseguido tiene celos de esta persona al tener lo que él desea; por ejemplo un chico se enamora de una chica, pero a esta la corteja otro chico lo que despierta la rabia y celos del primer chico.

  • CELOSCelos amorosos: es el más común de todos, y al que la mayoría lo asocia, muchos filósofos, científicos, religiosos, grandes eruditos y neurólogos defienden la teoría de que “celos” es la envidia y el egoísmo de una persona atraída al sexo opuesto que está siendo pretendida por otro individuo de su mismo género, es decir celos es: hombre enamorado + mujer + otro hombre enamorado de la misma mujer = celos, o viceversa, mujer enmorada + hombre + otra mujer enamorada del mismo hombre = celos. Muchos concuerdan que los celos de los varones son más grandes que los de las mujeres, ya que su cerebro tiene más amplia la hipófisis, que controla este sentimiento, y la testosterona hace que su instinto de procreación y de protección hacia sus hembras lo hagan perder más fácilmente la cordura, e ingresar a los celos.

En algunos casos se puede sentir celos sin estar en pareja; puede ser de un compañero/a de trabajo o escuela de quien se tenga cierta atracción. Es uno de los problemas sentimentales más comunes entre la adolescencia y la juventud.

Pero durante la preadolescencia se da un fuerte paso, es decir, se ponen en práctica los descubrimientos anteriores, aparecen las fantasías sexuales, los genitales se definen, etc; pasan a menudo períodos en que desean compañía y otros en los que prefieren la soledad y el aislamiento. Se es muy frágil en su relación con los demás, porque internamente no se siente seguro de casi nada. Su autoestima puede ser fácilmente herida, y necesita sentirse aceptado por sus seres queridos.

El miedo al rechazo o a la exclusión, y la búsqueda de aceptación por todos los medios son dos aspectos esenciales de este período, durante el cual se van a determinar muchas de sus conductas, que puede llegar a transgredir las normas impuestas por la familia. El modelo grupal sustituirá a los valores representados por los padres, a los que se enfrentará para poder seguir formando parte de su grupo de amigos.

Las relaciones amorosas ocupan buena parte de su tiempo y espacios mentales, ya que ser escogido y amado le produce una enorme gratificación personal y eleva su autoestima. Cuando vive situaciones de celos, exclusión y abandono, experimenta un enorme sufrimiento, aunque más adelante su capacidad de reacomodación emocional le permita volver a la carga y buscar otros acompañantes.

El despertar de la sexualidad genital durante la pubertad, además de la integración de los aspectos masculinos y femeninos en sintonía con el sexo anatómico, y la asunción de la identidad sexual, favorece la capacidad de elegir un destinatario amoroso fuera de la familia Esto no quiere decir que se escoja la pareja definitiva, puesto que el adolescente todavía tiene que recorrer mucho camino para poder realizar una elección de tal envergadura. Por eso, los romances en esta época son buenos y necesarios para ir experimentando en las relaciones amorosas los aspectos personales y sociales más importantes. La atracción ha de ser recíproca, y no deben existir presiones ni culpabilidades. Confianza, sinceridad y diálogo compartido son aspectos fundamentales para una buena relación, en donde la complicidad y el compañerismo han de ser prioridades. Lo más frecuente es que, después de haber realizado algunos tanteos y aventuras, cada adolescente esté más capacitado para escoger la persona con la que prefiere compartir sus cosas más íntimas La primera experiencia suele ser confiada primeramente al mejor amigo o la mejor amiga; sólo cuando el adolescente se sienta más seguro en la relación surgirán las ganas de explicarlo a sus padres.

CELOSTener pareja da una gran satisfacción personal en una época de crisis como la adolescencia, pero no debe constituir una obsesión para calmar angustias de soledad, ni ser un motivo de orgullo delante de los amigos.
Las confidencias de amor con los amigos suelen proporcionar seguridad, si no se pretende con ello dar envidia, celos o quedar bien ante los demás. Un buen amigo puede guardar bien un secreto, y a veces es más importante su opinión que la de los protagonistas de la historia.

La madre puede ser una buena confidente y también una buena consejera para sus hijos, aunque suele ser preferible que no quiera estar al corriente absolutamente de todo, para que éstos no se sientan presionados o investigados.

Cuando la pareja de un hijo o hija adolescente llega a casa, la expectación suele ser enorme; por lo que no hay que precipitar la ocasión. Hasta que las cosas no están bien claras entre los dos, los puntos de vista familiares suelen ser muy incómodos y parecen poco objetivos.

Para el que experimenta celos, todo consiste en poner de manifiesto los “falsos pretextos”; en suma, debe develar la “comedia del amor” que se hace pasar por el amor verdadero: se trata de de-senmascarar su impostura. Existe, pues, en los celos, la idea de algo oculto que hay que investigar. Esto implica estar “en la cabeza” –y en la libido– del otro en supuesto estado de disimulo crónico y organizar una serie de hipótesis acerca de sus acciones. Los celos son una forma de especulación, de exploración sin fin del “mundo de los posibles” (Proust). El celoso quiere saber por todos los medios de los que dispone y que suscita (no carece de ingenio en este campo) qué se trama en torno del objeto amado y lo que esta persona-objeto puede urdir, aun a sabiendas de que esa acción puede dañar profundamente sus intereses. De ahí el giro persecutorio: el celoso está persuadido de que eso “recae” sobre él, pero participa activamente en la puesta en escena fantasmagórica de ese gozo enemigo y obsceno. Está obsedido por la traición, vía la infidelidad, y procura detectarla en su cortejo de mentiras, tapujos y medias palabras. En suma, el celoso se halla mentalmente sobreocupado con las acciones del otro, asediado por pensamientos de poder casi alucinatorio.

Punto vista de la antropología

La psicología evolucionista clásica admite que los celos son un fenómeno universal propio de la especie humana, con diferencias debidas al género de la persona basándose en el supuesto de la especia ha vivido siempre en contextos de emparejamientos monogámicos, certeza sobre la paternidad y dependencia material y simbólica (alimentación, seguridad, estatus) de la mujer con respecto al varón. Así, los celos de las mujeres deberían estar motivados por la «infidelidad» emocional del varón (una forma de reaccionar a la posibilidad de que el varón deje de ser su proveedor) y los celos del varón, por la «infidelidad» sexual de la mujer (una forma de reaccionar a la posibilidad de estar proveyendo a hijos que no tienen su carga genética).

Van Sommers ofrece una mirada híbrida. El hecho de que en todas las sociedades donde se dan relaciones sexuales «emocionalmente cargadas» se imponen los celos adultos y las dificultades que experimentaron individuos y grupos de nuestra sociedad que intentaron evadirlos, parecen indicar que hay raíces biológicas para los celos.

Existen unas pocas etnias en las que existen mecanismos sociales de minimización de los celos. En general son culturas no monogámicas en las que no se le da importancia a la paternidad biológica.

CELOSSegún William Crocker, hombres y mujeres debían ser generosos con sus bienes y con sus cuerpos. Entre ellos, negar pública o privadamente el deseo sexual de otro era considerado una actitud mezquina antisocial y maligna. Además se destaca que el contacto de estos pueblos con la sociedad occidental y sus artículos industrializados fue cambiando las costumbres y esto trajo aparejado deseos de posesividad sobre estos bienes y celos de los varones sobres las mujeres.

Según Judith Stacey existen entre los mosuo normas culturales que parecen operar para suprimir la posesividad sexual. Los mosuo sienten celos y envidia pero saben que deben reprimirlos e ignorarlos en aras de mantener la armonía. Para ellos, , el amante celoso es ridículo, casi como un ladrón, y la falta de generosidad, es deshonrosa.

Las confesiones de la supuesta falta tienden a ser logradas ya sea delicadamente, por medio de lo que Proust denominó con elegancia “charlas de investigación” (Marcel Proust, Albertine Disparue), o por medio de enérgicos interrogatorios, durante accesos de ira celosa orientados a hacer confesar, lo que Paul Bourget llama “ataques agudos de celos” (Paul Bourget, Physiologie de l’amour moderne). En ese juicio constante –juicio que puede ser “de las intenciones”, pero que para el caso vale como de condena– se trata de hacer confesar el delito; el verdadero cargo sería que el deseo de la (del) otra(o) se encontraría en otra parte; tarea delicada pues es suponer que la sospechosa, o el sospechoso, sabe lo que él desea… En última instancia se trata, para el celoso, de esclarecerlo acerca de sus sentimientos ocultos, de hacerle reconocer de manera inquisitorial su verdadero deseo que lo orienta hacia el otro.

Se advertirá, pues, la combinación de la influencia posesiva y la fragilidad de la reivindicación: el celoso es un propietario tanto más autoritario y dictatorial en la medida en que experimenta el carácter precario y revocable de su posesión. También se ve el contraste entre la certeza íntima de una expoliación afectiva, de la que sería víctima, y la locura de la duda, de una incertidumbre erosiva. El apogeo de ese goce mórbido radica en el momento de la confirmación: “¡Bien que lo sabía!”. Busca el “flagrante delito” temiendo más que nada el descubrimiento de su infortunio, lo que abre las compuertas a un “flagrante delirio”.

CELOSFinalmente, se notará que los celos, lejos de reducirse al afecto, se orientan hacia el hecho mismo del perjurio. El celoso se enfrenta a ese sismo simbólico de encontrarse frente a otro cuya palabra deja de ser confiable y cuya promesa de fidelidad, proferida o tácita, ya no se sostiene. De ese modo, los celos ponen de manifiesto el engaño como acto de lenguaje. En la desconfianza que organiza la sospecha celosa, el significante deja escuchar la des-confianza, señala la entrada en crisis de los esponsales con el objeto amado.

La posición freudiana frente a los celos comienza con esta comprobación: se trata de un afecto normal, o sea, común. Hablar de “celos normales” no significa reducirlos a lo trivial o a alguna norma: es arrancarlos al portaequipaje psiquiátrico de los celos mórbidos y, al mismo tiempo, establecer sus rasgos, cuya exageración patológica confirmará la morfología. Al hacer esto, Freud rompe claramente con la reducción de los celos a una morbidez, punto de vista por lo demás vinculado con una problemática médico-legal. Supera así el corte entre vivencia popular y discurso docto para recolocar tranquilamente los celos en el centro de la vida psíquica, de la que resulta uno de los rasgos más salientes.

Recordar que son un afecto normal es significar que los celos no son reductibles a un capítulo de la psicopatología. Los celos son un sentimiento en el cual, una parte es consciente y la otra, inconsciente. El sujeto experimenta sus celos directamente, a más no poder (incluso los vive a fondo), pero desconoce el acontecimiento inconsciente que recubre ese afecto.

Incluso Freud va más a fondo: si ese afecto de celos parece ausente, se debe a que habrá sido reprimido. Por lo tanto, virtualmente, un ser desprovisto de celos no existe, pero siempre es lícito sacarlos a la luz. Una pregunta, de paso: ¿cómo se expresan los celos sin afecto consciente? Pues el celoso se siente como tal, experimenta a sabiendas las ansias de los celos, angustias, en un clima de gran pavor y horror. ¿A qué se parecen unos celos en estado reprimido, es decir, sin vivencia consciente de estar celoso? Puede ser, como se verá, un afecto ciego, de manera que un sujeto que no se siente necesariamente celoso puede actuar como tal accionando, sin saberlo, los engranajes de los celos. Tal vez los celos fríos sean los más virulentos y los que den la clave de los actos enajenados.

Los celos como relación con el objeto serían un correlato del duelo, con la idea de algo que le era debido al sujeto, que le ha sido prometido y luego quitado con engaño. Duelo y celos son reacciones normales en caso de pérdida, aunque el duelo viene luego de la pérdida, mientras que los celos la anticipan. Quien experimenta el luto se relaciona con un objeto perdido para siempre; el celoso se halla amenazado por un duelo entrevisto y que comienza incesantemente, un duelo que él suscita y crea. La tan flagrante rivalidad bien podría estar en segundo lugar en relación con el duelo, con un duelo a repetición, puesto que en cada acceso de celos el sujeto tiene la viva sensación de volver a perder su objeto.

CELOSEl celoso reacciona ante la pérdida entrevista; produce un duelo tanto activo como imaginario; confunde su duelo (como otros su deseo) con la realidad. Hay que recordar el núcleo depresivo del estado de celos, eclipsado por la violencia de su delirio reivindicarorio. En el centro de los celos existe una denuncia: el sujeto deplora ser despreciado, abandonado, rebajado en beneficio de un tercero al que hay que identificar.

Los celos adquieren todo su alcance referidos al narcisismo o al amor a sí mismo. El yo se muestra herido por los celos, los vive como humillación, con lo que esto implica de rebajamiento e impotencia. Los celos son el correlato narcisista del riesgo de amar.

Los celos son, pues, una autodeploración. El celoso clama su perjuicio y no deja de generar argucias para sustentar ese sentimiento, para poner de alguna manera la realidad en consonancia con ese sentimiento de pérdida perjudicial preexistente a la defección del objeto. Contrariamente al héroe, que puede ser impunemente traicionado, el celoso brama su infortunio como si padeciera una llaga purulenta, es un Narciso herido.

Pero, además, el celoso detesta al otro, al supuesto detentador mediante la apariencia de utilidad  de su objeto, al que le infligió la herida. De hecho, la cólera se encuentra en el centro del afecto celoso. Es su dimensión de odio, de resentimiento. Incluso el propio objeto amado termina por ser detestado. Los celos contienen y revelan esta ambivalencia visceral hacia el objeto, tanto detestado como amado, odiado porque se lo ama. En efecto, existe odio en el centro de los celos. Este odio celoso marca la “legítima defensa” del yo frente a sus intereses lesionados.

Esta vertiente violenta contiene el germen de la agresión, incluso del llamado crimen pasional. Se advierte, pues, que lo que “impulsa al crimen” es la furia ante la desposesión.

Hay otro rasgo, sin duda el más oculto, pero que no debe desconocerse: el sujeto presa de los celos sospecha en su fuero interno, junto al hecho de ser injustamente traicionado, haber tenido algo que ver en su infortunio. Mientras inculpa burdamente al otro, se siente en alguna parte de sí mismo como responsable. Dicho de otra manera, en los celos existe un fondo de autorreproche. Por lo menos es una autocrítica: “¡Confiésate que en el fondo te lo buscaste!”, o, por lo menos, “¡No hiciste todo lo que podías hacer para evitarlo!”.

Es una sensación tanto más dolorosa en la medida en que es desconocida por el (la) interesado(a). El sujeto celoso es reacio a confesarse su implicación; resulta sensible sobre todo a las supuestas culpas del otro, lo que reprime a un segundo plano su culpabilidad, tanto más torturadora en cuanto es tácita. Mejor aun: se puede sospechar que esta autoculpabilidad desconocida es la que agita el reproche. La culpabilidad inconsciente (de sí mismo) se desarrolla a la sombra de la culpabilización consciente (del otro). Digamos que el celoso se tortura al torturar al otro infiel: ambos, él y el otro, se cuecen sobre las mismas brazas. En ese sentido, los celos fortalecen el vínculo en una dimensión sadomasoquista. Se puede comprobar que en tales parejas los celos resultan el medio masoquista más eficaz para establecer la vinculación. Se puede sentir claramente la complacencia celosa, el placer logrado con el sufrimiento.

La infidelidad paterna y el desarrollo sexual de los hijos

CELOSLa infidelidad quiebra: un contrato implícito o explícito, un pacto simbólico de exclusividad, especialmente en la cama, pero también en la vida. Es una traición cargada de transgresión que trasciende a los integrantes de la pareja e imprime sus ecos en los hijos.

La infidelidad no es homogénea. Hoy el espectro se multiplica: las nuevas sexualidades le abrieron la puerta a un combo que amplía y transforma las coordenadas de los encuentros y desencuentros.

Las  infidelidades pueden instalarse en duplicidad. Doble vida, doble casa con familias paralelas o doble vínculo familiar: la infidelidad es con un integrante de la familia, por ejemplo entre cuñados. O doble sexualidad: otra pareja, pero con alguien del mismo sexo.

A pesar de la apertura actual, los hijos quedan en desequilibrio emocional. Se derrumba un mapa mental y emocional. Sienten la traición, que es ajena pero los atraviesa. Y tienen que remontar la confianza perdida.

Fidelidad e infidelidad son palabras que derivan de la palabra fe, es entonces que la confianza  es la que más sale perjudicada: después de que una infidelidad es descubierta, la persona engañada difícilmente pueda volver a tener fe y creer.

Los hijos quedan atrapados en una red de fidelidades e infidelidades que pone en juego su propia trama de confianza y su sexualidad, actual o futura.

Para las mujeres que son infieles, la principal justificación suele ser el amor y mucho más lejos aparece el sexo; en cambio, en los varones ocurre a la inversa. A las mujeres, en general, les afecta más que sus maridos se enamoren de otra; en cambio, los varones se sienten más traicionados si su pareja tiene sexo con otro.

La reacción de los hijos frente a las infidelidades paternas depende de múltiples variables: edad y personalidad, tipo de infidelidad, forma de enterarse y también si aparecen involucrados.

Sucede que cuando los hijos de alguna forma son partícipes de los secretos de uno de los dos padres o de los dos, se sienten que ellos mismos están traicionando. En ocasiones, sin darse cuenta, pueden caer en la responsabilidad de tener que cuidar al padre o madre que ha sido traicionado y esto no es saludable ni recomendable.

CELOSHay padres que cometen las infidelidades delante de sus hijos, otras veces hablan telefónicamente en su presencia, en otras oportunidades los hijos se enteran por discusiones o peleas entre los padres que comienzan a echarse en cara acusaciones cruzadas referidas al tema de los engaños. En general, los chicos no tienen la capacidad de hablar de estos temas, muchas veces porque sólo manejan ideas vagas respecto del tema, otras veces porque tienen temor de hacerlo y piensan que si lo hacen, ellos serán responsables de las posibles consecuencias. Si los hijos se enteran de una infidelidad ya sea del padre o de la madre y el cónyuge no está al tanto, es frecuente que ellos sientan que están traicionando al progenitor engañado, porque se le juegan sentimientos contrapuestos de lealtad para con su mamá o papá. Suelen sentir ganas de hablar para poner sobre aviso al padre engañado, pero también temor de dejar en evidencia al infiel y que la pareja se pelee o se separe por su culpa”.

Los sentimientos contradictorios generan cortocircuitos afectivos importantes en el momento y dejan marcas que condicionan la vida emocional futura.

La verdad es siempre necesaria para merecer la confianza nuevamente. Por otro lado, hay que saber escuchar sin descartar los sentimientos de los hijos y pedirles perdón, si es necesario, por haber herido sus sentimientos.

 

OTELO ORSON WELLES

 

 

Fuentes consultadas

  • Paul-Laurent Assoun. Lecciones psicoanalíticas sobre los celos, (Ed. Nueva Visión).
  • MONCLÚS, Enrique González:«Celos, celos patológicos y delirio celotípico»
  • BUSS, 1993 Citado por FERNÁNDEZ, Ana María y otros. Diferencias sexuales en los celos
  • VAN SOMMERS, Peter Los celos. Reconocerlos Comprenderlos Asumirlos Editorial Paidos
  • CROCKER. William H. Canela Apanyekrá/Relaciones entre los sexos junio, en Povos indígenas do Brasil/Pueblos indígenas en Brasil
  • Judith Stacey Unhitched: Love, Marriage, and Family Values from West Hollywood to Western China NEW YORK UNIVERSITY PRESS
  • Clanton,Gordon; Smith, Lynn G). Jealousy. New Jersey: Prentice-Hall.
  • Mathes, Eugene. «A Cognitive Theory of Jealousy». The Psychology of Jealousy and Envy. New York: Guilford Press.

 

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