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MEDICINA TRASLACIONAL, SÍNDROMES Y SU RELACIÓN CON EL ESTRÉS

“ESTRÉS Y MEDICINA TRANSLACIONAL”

SÍNDROMES Y RELACIONES ORGANICAS

“Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo”.

Funes el Memorioso, J. L Borges

Comprobamos lo que Francis Crick ha llamado “El dogma central de la neurobiología”, El ADN ordena al ARN que fabrique proteínas Las proteínas determinan la estructura, la función y las fuentes de energía del organismo y participan en el caos altamente regulado y vastamente organizado que llamamos metabolismo.

 

 

Tras el genoma, han surgido el transcriptoma, el metaboloma y recientemente la conectómica, la nova surgiente del big bang genómico.

El foco actual se centra en el estudio de los microcircuitos implicados en la respuesta emocional.

Se trata de construir un puente, un camino de dos vías, que integre y realimente el flujo bidireccional entre la investigación básica y la investigación clínica.

En este marco, la medicina traslacional encuentra un especial ámbito de aplicación en las ERE (las Enfermedades Relacionadas al Estrés).

La medicina del estrés es, sensu strictu, la medicina de la respuesta de estrés (RE). Esto comporta un escenario centrado en los mecanismos etiopatogénicos de la RE, caracterizada por su complejidad y heterogeneidad.

Partimos de enfoques dimensionales centrados en el neuroticismo al que elegimos porque constituye un nodo ostensible de la influencia genómica en la reacción al entorno. El neuroticismo resulta fácilmente mensurable y correlacionable con variables cognitivas y mediadores químicos de carga alostática

(*VER POST “Neurobiología-Estrés-Carga Alostática”http://vitaedolor.com/neurobiologia-estres-carga-alostatica/).

“MEDICINA TRASLACIONAL, SÍNDROMES MÉDICOS Y SU RELACIÓN CON EL ESTRÉS”

La carga alostática, remarcamos, es en sí misma la expresión más contundente de lo epigenómico. Un punto de encuentro, corporalmente visible, del interjuego entre genes y estilo de vida. De allí el valor traslacional que encierra su estudio para investigadores básicos y clínicos.

A partir del año 2007, desde los NIH (National Institutes Of Health, de Estados Unidos) se está ejecutando MUSIC, acrónimo de “The Medically Unexplained Syndrome Institutional Collaborative”, un estudio multicéntrico que apunta a echar luz sobre los MUS (“Medically Unexplained Syndromes”) los síndromes médicos no explicados, en rigor, los problemas más comunes en medicina.

Cada especialidad lidia con alguno de ellos, la cistitis intersticial desvela a los urólogos, el dolor pelviano crónico a los ginecólogos, el síndrome del intestino irritable a los gastroenterólogos, el síndrome de fatiga crónica y la fibromialgia a los reumatólogos, en psiquiatría confrontamos con clusters mixtos de ansiedad-depresión y de depresión atípica y tenemos al menos 19 causas médicas que pueden expresarse como un trastorno de angustia atípico

Todas ellas reflejan interfases, áreas de superposición y comorbilidades psico-neuro-inmuno-endócrinas y todos son, -diáfanamente- ERE (enfermedades relacionadas al estrés) expresadas en formas diversas de carga alostática.Aquí, resulta singularmente práctica la sistematización que iniciara Hess, en 1924, y que complementara Hellhammer recientemente. Incluye tres interfases, ergotrófica con el locus coeruleus y el sistema nervioso simpático; trofotrófica con el sistema nervioso parasimpático y el sistema serotoninérgico y la glandulotrófica con el núcleo paraventricular, la hipófisis anterior, las adrenales y los receptores glucocorticoideos

Recapitulando,queremos comprender la relación mente-cuerpo y la interacción genoma-ambioma. La vía de acceso es evaluar la respuesta de estrés. En ella intervienen tres interfases, una que responde al desafío (ergotrófica), otra que restaura el equilibrio (trofotrófica) y una tercera que modula los dinamismos recíprocos (glandulotrófica).

Todas ellas influidas por determinantes genéticos y ambientales a los que hay que sumarle los cambios adquiridos en las situaciones de estrés crónico.
La glandulotrofía describe la actividad del eje hipotálamo-hipofiso-adrenal en sus adaptaciones al estrés. En nuestro organismo el eje HHA es un sistema homeostático mayor de cuyas fluctuaciones depende en alto grado nuestra capacidad adaptativa, de allí la trascendencia que alcanzan sus variaciones. Toda demanda adaptativa pone en marcha la respuesta glandulotrófica cuyo objetivo es la disponibilidad sistémica de cortisol.
Para actuar se requiere energía y la glucosa es nuestra fuente primordial. La capacidad del organismo para ejercer esta respuesta glandulotrófica reside en la aptitud de movilizar recursos energéticos por incremento de los niveles de glucosa -induciendo gluconeogénesis- y, secundariamente prevenir una sobreactividad de la respuesta inmune al estrés y, sinérgicamente, incrementar la presión arterial y facilitar la eficacia de las catecolaminas, actividades todas que cumple el cortisol. La respuesta glandulotrófica de estrés es detenida cuando los niveles de cortisol alcanzan un pico plasmático, en general dentro de los 30 minutos siguientes al comienzo del estresor.

Sumado a esto, Mason ha enfatizado la cualidad estrictamente humana y no verificable en los modelos animales de “involucración del yo”. Nuestra capacidad de lenguaje y, por tanto, de actividad simbólica nos permite la anticipación, somos el único animal que se preocupa y es por este medio que el estrés psicológico se traduce biológicamente en activación del eje HHA. La inquietud anticipatoria (clínicamente reconocida como “expectación aprensiva”) se refiere a la percepción de eventos futuros valorados como incontrolables o impredecibles que al ser autorreferidos operan como un adecuado estímulo para la reactividad del eje HHA. Aquí, al modelo evolutivo “animal” tradicional se suma la adquisición evolutiva de nuestro prominente lóbulo frontal y sus procesos cognitivos como activadores de la cascada HHA.

En psiquiatría se conoce desde hace muchos años la existencia de cuadros psicóticos secundarios a la administración terapéutica de glucocorticoides, pero, no todos los pacientes que reciben GC desarrollan un cuadro similar hoy, farmacogenética mediante, podemos comprender en quiénes y por qué se presenta esta situación Se puede reseñar que, a más del aluvión de datos genómicos, el ámbito de mayor interés es sin dudarlo el de la *epigenética. (El término epigenética fue introducido por Conrad Waddington a principios de 19401, definiéndola como “la rama de la biología que estudia las interacciones causales entre los genes y sus productos que dan lugar al fenotipo”).

Desde hace mucho tiempo es -empírica y experimentalmente- conocido que eventos adversos tempranos pueden influenciar la conducta y la actividad HHA en el largo plazo. Un vasto cuerpo de evidencia señala que la existencia de experiencias prenatales o postnatales tempranas de impacto desfavorable podrían alterar dramáticamente funciones críticas del SNC que operan en la regulación de la respuesta al estrés. La conmovedora serie de estudios de biología comparada conducidos por Meaney y su equipo en Ontario, Canadá, permitieron dilucidar los efectos a largo plazo de condiciones de estrés temprano al nivel epigenético.

Los procesos epigenéticos podrían, por consiguiente, explicar funcionalmente alteraciones conductuales y endocrinas en sujetos que padecieron adversidades en fases tempranas de la vida. No obstante, la exacta ventana temporal crucial para la producción de tales efectos en otras especies y, en particular, en humanos es todavía un asunto de debate.
Lo reseñado hasta aquí, sin ser exhaustivo y a tenor de ejemplo, revela la intrigante complejidad de la respuesta de estrés.

La utilización de covarianzas, el empleo de medidas simultáneas, como la mensura de la reacción del ACTH plasmático y el cortisol al estrés psicosocial de laboratorio pueden ayudarnos a comprender la impronta biológica en términos de reactividad que dejan tras de sí el maltrato y el abuso primordial. Las reacciones de ACTH pueden ser explicadas por la interacción del abuso temprano y traumas posteriores en la adultez.

El abuso temprano contribuye a incrementar la responsividad al ACTH, mientras que la reactividad se incrementa con la traumatización adulta adicional. Singularmente, la liberación de cortisol no puede ser significativamente predecida porque muestra un gran rango adaptativo a nivel adrenal, de modo que el trauma posterior resulta difícil de cuantificar.

El interés actual se desliza de lo posnatal temprano (lo perinatal) a lo prenatal y allí el bajo peso al nacer resulta un sólido predictor de posterior vulnerabilidad

Concluyendo: la medición de la carga alostática por medio de covarianzas.
psicológicas y biológicas, incorpora información de mediadores alostáticos (en reposo y actividad) y permite la evaluación de sistemas dinámicos (que operan dentro de un “rango de respuesta a estímulos”), incluye información de múltiples parámetros fisiológicos de actividad que integran y coaligan a los mayores sistemas regulatorios e integradores del organismo (sistema nervioso central, endócrino, inmunológico, sistema nervioso vegetativo y cardiovascular), las cuales si son leídos en el contexto clínico y en el marco patobiográfico del sujeto pueden aportar información traslacional y sustancial para la comprensión individualizada de la respuesta de estrés

 

FUENTES CONSULTADAS:

Dr. Carlos A. Soria
Médico psicoanalista. Especialista en Psiquiatría. Especialista en Farmacología. Director del Instituto de Biociencias “Henri Laborit” Presidente de la Asociación Argentina de Psicofarmacología.

Gador S.A. – Área Médica Exclusiva (GAME)

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