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NEUROBIOLOGIA-ESTRÉS-CARGA ALOSTÁTICA

NEUROBIOLOGIA-ESTRÉS-CARGA ALOSTÁTICA

La carga alostática no es otra cosa que una continua respuesta de estrés des-regulada. Este desgaste o agotamiento se produce por una hiperactividad del sistema de alostasis, que a largo plazo puede causar patologías tanto orgánicas como psiquicas. En busca de una Psicología Integrativa con bases de la PNIE, es fundamental entender estos conceptos a la hora de buscar los factores que contribuyen al desarrollo de patologías.

La carga alostática implica la numerosa serie de modificaciones, con parámetros témporo-espaciales rápidos y a largo plazo, que el organismo implementa
frente a situaciones (estresores) provenientes del medio externo para adaptarlo al cambio, evitando daños en el organismo y en sus diversas estructuras a todos los niveles de procesamiento (células, tejidos, órganos y sistemas).

Cuando la respuesta adaptativa es insuficiente para alcanzar la homeostasis o resulta excesiva, los eventos que debieran llevar al estado normal se estabilizan en cambios plásticos desfavorables o mal adaptativos, que conforman los diversos estados de la sobrecarga alostática (distrés) y sus manifestaciones en el sistema nervioso central (ansiedad, depresión), el sistema inmune y endócrino y el aparato cardiovascular

Estos conforman los supersistemas y sus respectivos componentes estructurales y funcionales.

Hipócrates, (Aforismos, sección 6, Nº 23) decía que si un “estado de miedo, temor o desaliento (abatimiento) perdura por largo tiempo es una afección melancólica” indicando las diferencias entre el “proceso” y el resultado de ese cambio patofisiológico que se estabiliza en el síndrome depresivo.

Dados los diferentes modos o respuestas de los sistemas que generan el síndrome depresivo, también lo son los signos y síntomas que lo conforman con sus

diferentes “cargas” y esto lleva a una heterogeneidad clínica que requiere de tratamientos diferentes según sean los síntomas específicos (nucleares) del trastorno.

En este fascículo se encaran desde los aspectos doctrinarios hasta las manifestaciones (signos, síntomas, marcadores biológicos y tratamientos farmacológicos o somáticos) de las afecciones, que son consecuencia de la sobrecarga alostática.

En recientes artículos de opinión se hace énfasis en los estados de vulnerabilidad y resiliencia en relación a los trastornos de ansiedad y depresión mediados por estresores (pérdidas, traumas, enfermedades) y cómo el pasaje de un “estado normal” a un “estado bajo” (down state) cuando ocurre en el individuo “sano” retorna al estado normal con facilidad, a diferencia del individuo depresivo donde tiende a estabilizarse en el estado bajo (que conduce a la depresión).

Los autores utilizan la metáfora “atascado en el pozo” (stuck in a rut) para caracterizar la facilidad para entrar en el “down state” y la dificultad (falla en la resiliencia) para volver al estado de normalidad.
El estado bajo no es por sí mismo anormal. La tendencia a entrar y quedar “atascado o atorado” en ese estado es lo que define a la depresión y por ende se propone el estudio de los procesos que genera la reacción anímica y su regulación más que el del estado final propiamente dicho.

Y eso – en última instancia – es lo que se propone en este fascículo; claro en lo doctrinario y específico en los aspectos más biológicos, cuyo valor predictivo para el diagnóstico y tratamiento deben estar siempre validados por ensayos clínicos controlados así como la investigación clínica que se propone en el último capítulo para encarar sobre bases racionales la terapia farmacológica y conductual.

 

Efectos protectores y perjudiciales de los mediadores del estrés

Hace más de 60 años, Selye reconoció la paradoja de que los sistemas fisiológicos activados por el estrés pueden no solamente proteger y restituir, sino también dañar al cuerpo. ¿Qué relación existe entre estos roles aparentemente contradictorios? ¿De qué manera ejerce influencia el estrés sobre la patogénesis de las enfermedades y cuál puede ser el origen de la variación en la vulnerabilidad a enfermedades relacionadas con el estrés entre personas con experiencias de vida similares? ¿De qué manera puede cuantificarse el daño inducido por el estrés?.

La alostasis – capacidad para lograr estabilidad a través del cambio – es decisiva para la supervivencia. A través de la alostasis, el sistema nervioso autónomo, el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA) y los sistemas cardiovascular, metabólico e inmunológico protegen al cuerpo, respondiendo al estrés interno y externo. El precio de este acomodamiento al estrés es lo que se denomina “carga alostática”, representado en el prematuro desgaste que resulta de la sobreactividad (o de la baja actividad) crónica de los sistemas alostáticos.    

Tanto el estrés agudo como el estrés crónico pueden tener consecuencias a largo plazo. Los factores que determinan ampliamente las respuestas individuales a situaciones potencialmente “estresantes” son: la forma en que una persona percibe una situación y su estado general de salud física, determinado este último no sólo por factores genéticos, sino también por su conducta y estilo de vida.
La capacidad para adaptarse al estrés reiterado está determinada además por el aprendizaje y el desarrollo de estrategias de afrontamiento eficaces, que se suman a la forma en que una persona percibe la situación. Por ejemplo, la mayoría de las personas reacciona inicialmente a hablar en público mediante la activación del eje HPA. Sin embargo, después de haber hablado varias veces, la mayoría se habitúa y su secreción de cortisol deja de aumentar con el desafío, pero aproximadamente un 10 por ciento de las personas, el hablar en público le sigue produciendo estrés y su secreción de cortisol aumenta por sobre los valores normales cada vez que lo hacen.

A diferencia de los sistemas homeostáticos (oxígeno en sangre, pH sanguíneo, temperatura corporal), que deben ser mantenidos dentro de límites estrechos, los sistemas alostáticos tienen límites mucho más amplios.

Los sistemas alostáticos nos permiten responder adecuadamente a nuestros estados físicos (estar despierto, dormido, en posición supina, de pie, haciendo ejercicio) y tolerar el ruido, presencias multitudinarias, el aislamiento, el hambre, temperaturas extremas, el miedo, e infecciones microbianas o parasitarias.

Las respuestas alostáticas más comunes comprometen al sistema nervioso simpático y al eje HPA: liberando catecolaminas y cortisol. La posterior inactivación hace que los sistemas vuelvan a los niveles basales, lo cual ocurre cuando el peligro ha pasado, la infección está contenida, el medio ambiente ha mejorado, o el discurso ya ha sido dado. Sin embargo, si la inactivación es ineficiente, existe una sobreexposición a las hormonas del estrés. La exposición a una mayor secreción de hormonas del estrés durante semanas, meses o años puede resultar en “carga alostática” con todas sus consecuencias.

Cuatro situaciones están asociadas con la carga alostática:

1. el estrés frecuente.
2. la ausencia de adaptación a estresores repetidos del mismo tipo, lo cual resulta en una exposición prolongada a las hormonas del estrés.
3. la incapacidad de evitar respuestas alostáticas exageradas una vez que el estrés ha finalizado.
4. las respuestas inadecuadas de algunos sistemas, que provocan incrementos compensatorios en otros: cuando un sistema no responde adecuadamente a un estímulo “estresante”, la actividad de otros sistemas aumenta, ya que el sistema sub-activo no está brindando la contraregulación usual (si la secreción de cortisol no aumenta como respuesta al estrés, aumenta la secreción de citoquinas inflamatorias, que están contrareguladas por el cortisol).

La alostasis y la carga alostática también son afectadas por el consumo de tabaco y alcohol, la dieta y el ejercicio. Estas conductas pueden ser escenciales para la modulación individual de la alostasis – la forma en que las personas manejan un desafío – y contribuyen a la carga alostática mediante caminos conocidos.Una dieta rica en grasas acelera la ateroesclerosis y la progresión a una diabetes tipo II, incrementando la secreción de cortisol y produciendo deposición de grasa y resistencia a la insulina; el tabaco aumenta la presión arterial y acelera la aterogénesis; el ejercicio brinda protección contra enfermedades cardiovasculares.

La cuantificación de la carga alostática, ha sido intentada con el uso de medidas metabólicas y cardiovasculares. Se han obtenido valores aproximados de la carga alostática mediante la determinación de: presión arterial sistólica, cortisol urinario nocturno, excreción de catecolaminas, la proporción entre las medidas de la cintura y la cadera, el valor de la hemoglobina glucosilada, porcentaje de LDL, concentración sérica de dehidroepiandroesterona-sulfato y concentración sérica de HDL.                                                                                                                   

Las personas con resultados mayores de carga alostática presentaban una mayor predisposición a las enfermedades cardiovasculares y era más probable que presentaran disminuciones en el funcionamiento cognitivo y físico.

La consideración de la carga alostática cobra cada vez mayor importancia en el diagnóstico y tratamiento de numerosas enfermedades. Asimismo, la carga alostática es importante para aclarar la relación entre la enfermedad y los factores sociales/ambientales como: la inestabilidad social, la pérdida del empleo, inseguridad y otras condiciones que son crónicamente estresantes. La enfermedad médica en sí misma es una fuente de estrés, que produce ansiedad por el pronóstico, el tratamiento, la discapacidad y la interferencia con roles y relaciones sociales.

Los médicos y otros agentes responsables de la salud pueden ayudar a los pacientes a reducir la “carga alostática”, enseñándoles a manejar habilidades, reconocer sus propias limitaciones y a relajarse. También se le deben recordar al paciente las interacciones entre una dieta rica en grasas y el estrés en la ateroesclerosis, el rol del tabaco en las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, así como los efectos beneficiosos del ejercicio. Pero son los pacientes que deben, por sí mismos, modificar en forma apropiada sus modelos de conducta.

 

 

 

FUENTES CONSULTADAS:

Dra Andrea López Mato. Presidenta Honorífica de la Federación Latinoamericana de Psiconeuroinmunoendocrinología. Fundadora y Directora del Instituto de Psiquiatría Biológica Integral,
Psico-neuro-inmuno-endocrinológicas de las Enfermedades (www. ipbi.com.ar). Publicación Estrés.doc – Laboratorios Gador.

Bruce S. Mc Ewen, Ph.D.

McEwen Lab Website

Anti-AgingGames.com

Nolan Bushnel

Prof. Luis María Zieher. Presidente del Comité Independiente de Etica (Fefym). Director de la Maestría en Psiconeurofarmacología de la Universidad Favaloro

1 comment

  1. Marta Medina

    Mejor redactado imposible. Muchas gracias. Besos!!

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