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SEGUIMOS CON DEPRESIÓN

SEGUIMOS CON DEPRESIÓN

seguimos con depresión

El hacer este Post me lleva a pensar que me gustaría haberme equivocado cuando en la última semana de noviembre subí al Blog Vitaedolor.com una investigación que refería a la depresión y en especial en los jóvenes.
( VER: (http://vitaedolor.com/depresion-en-adolescentes/ )

Pues bién, (mal en realidad), los datos de la investigación que incluía datos de nuestra propia experiencia profesional se vieron reflejados , aun con distinta forma de expresión pero con la misma cuestión de fondo, en importantes publicaciones: la primera del Diario argentino La Nación del 03 de Diciembre de 21013, la segunda del Diario El País de España del dia 06 de Diciembre de 2013 que se transcribe textualmente.

Tal vez, de esta manera , se pueda ayudar a comprender que en estos tiempos y con una cataratas de motivos, causas , razones ..etc…….por culpa y responsabilidad de de unos o de otros, por la Política, por la Religión, por la Droga, por el Destino o por la suma de todo o por lo que fuera estamos democrática y globalizadamente comprometidos hasta el caracú con el agravante máximo de que creemos que no nos pasa nada.

Un viejo Profesor de la Facultad decía que no se puede llegar a una cura precisa sin antes tener un muy buen diagnóstico. Aterra pensar que vivimos “empastillados “ como si fuera lo más natural del mundo. Perdónanos Señor no sabemos lo que hacemos.

SEGUIMOS CON DEPRESIÓN

DIARIO LA NACION 03/12/2013
Depresión: aumenta y ya es la segunda causa de discapacidad
3 de diciembre de 2013 a la(s) 14:28
Depresión: aumenta y ya es la segunda causa de discapacidad
Por Nora Bär | LA NACION

¿Nos enferman las grandes ciudades?

La Organización Mundial de la Salud ya la considera la segunda causa de discapacidad en el mundo (por horas de productividad perdidas). Especialistas consultados por LA NACION coinciden en que, aunque predomina entre los adultos mayores, es un trastorno que se ve en todas las etapas de la vida. La depresión, de ella se habla.
“Resulta de una combinación de circunstancias, que suma causas externas, psicológicas y sociales, a la susceptibilidad individual”, dice Fernando Taragano, de la sección de Investigación y Rehabilitación de Enfermedades Neurocognitivias del Cemic.
Aunque no hay datos locales, se calcula que en la Argentina un 8% de los mayores de 65 años, es decir, unas 320.000 personas, padece algún tipo de depresión. Entre los adultos jóvenes, la enfermedad afecta al 2% de la población, es decir, unas 370.000 personas.
“Cada grupo expresa la depresión con signos y síntomas que responden a la edad y al desencadenante. En el adulto mayor lo que predomina es la tristeza, y en los chicos o jóvenes, la irritabilidad. Por eso, muchas veces el síndrome depresivo no es fácil de diagnosticar”, explicó Taragano.

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“Desde hace veinte años siento un malestar general […] Nunca tengo la cabeza libre. […] Tengo ideas negras, siento tristeza y aburrimiento. Me encuentro mal; no deseo nada […] La vida me desagrada.” Esta descripción figura en una carta de Diderot escrita en 1760 a Sophie Volland para explicarle el término spleen , un tedio existencial que se consideraba de buen tono entre las clases altas europeas y fue un tema frecuentado por la literatura, pero bien podría aplicarse a este trastorno que aparece con creciente frecuencia en los consultorios de médicos, psicólogos y psiquiatras.
“Es muy frecuente -afirma el doctor Hugo Litvinoff, psicoanalista didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina-. Es un momento en que hay una vivencia de insatisfacción generalizada. Todos quisiéramos vivir un poco mejor, tenemos baja la autoestima, temores respecto del futuro y frustración sobre lo que no conseguimos. Esto no sería lo que se conoce como una patología propiamente dicha y se atenúa con la psicoterapia. Sin embargo, hay casos en que se profundiza y tiende a evolucionar [hacia la depresión clínica], especialmente en los adultos mayores: es una etapa en la que caen los ideales, se hace el balance y resulta que la vida no nos salió como la habíamos planeado.”
Aunque todos atravesamos momentos difíciles, problemas económicos o laborales, dificultades familiares, frustraciones y desencuentros amorosos, no todos nos deprimimos. “Una cosa es la melancolía o la tristeza, y otra, la depresión clínica -puntualiza el doctor Daniel López Rosetti, jefe del servicio de Medicina del Estrés del Hospital de San Isidro-. Es el último cuadro el que se caracteriza por interferir negativamente en la vida familiar, social o laboral.”

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“La tristeza surge como respuesta frente a una situación, pero es pasajera y autorregulada -explica el doctor Juan Marengo, especialista del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco)-. La depresión propiamente dicha es un síndrome caracterizado por una serie de síntomas y signos, con una evolución que uno puede describir en el tiempo. Tiene que durar por lo menos un par de semanas, con predominio de ánimo triste, más otros componentes neurovegetativos, como trastornos del sueño, del apetito, irritabilidad, abulia, falta de iniciativa…”
GÉNESIS Y AMBIENTE
Afortunadamente, según coinciden los médicos, hoy se sabe bastante más que hace veinte años, cuando la depresión era una entidad hasta cierto punto incomprensible.
“Históricamente, en la psiquiatría había un modelo «innatista», se pensaba que había genes que predisponían a la depresión, y un modelo «ambientalista», que sostenía que la depresión es una respuesta a ciertas circunstancias de la vida -agrega el doctor Marcelo Cetkovich Bakmas, jefe del Departamento de Psiquiatría de Ineco y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro-. El modelo moderno se denomina «genes por ambiente»: sabemos que ciertas variantes genéticas favorecen la expresión de enfermedades cuando están presentes determinados factores ambientales. Es muy probable que la depresión sea un trastorno en el cual la predisposición genética está dada por la vulnerabilidad al estrés.”
Según Cetkovich Bakmas, lo que lleva a pensar en esta hipótesis es, entre otros factores, que la neurobiología de la depresión tiene varias coincidencias con la del estrés: la activación del sistema nervioso autónomo, cambios moleculares y procesos neuroplásticos.
“Entre otras cosas, tanto el estrés como la depresión inhiben la neurogénesis en el hipocampo -comenta-. La depresión sería algo así como el precio que paga la humanidad por una vida en un ambiente para el cual no estamos diseñados.”

Sinead O'Connor
Para López Rosetti, que estudia el estrés desde hace varias décadas, si bien existe un sobrediagnóstico de depresión (“porque no es sencillo caracterizarla y entonces se la utiliza para justificar mucho ausentismo laboral”), no hay duda de que está vinculada con ese proceso en su forma crónica, que aparece cuando las cargas físicas y/o mentales superan la capacidad de resistencia del paciente.
“Los seres humanos estamos preparados para el estrés agudo, como el que enfrentamos en un accidente y otras situaciones puntuales, pero no para el estrés crónico a que nos somete la vida moderna y que estamos sufriendo desde hace dos generaciones -explica el médico-. La depresión es uno de los «polos sintomáticos» de este síndrome. Se expresa como apatía, desgano, desinterés, desensibilización emocional, problemas de memoria, anhedonia [incapacidad para el juego, la diversión o el humor] o sensación de que la vida no merece ser vivida. El otro polo es la ansiedad, y en muchas ocasiones ambas se solapan o superponen.”
La pregunta del millón es ¿por qué aumenta? “Hay varias teorías -responde Taragano-. La más potente es la que sugiere que crece porque también lo hacen los estresores psicoambientales. Son acumulativos por su cantidad e intensidad; se van sumando a lo largo de la vida. Ése también es el motivo por el cual se sospecha que a medida que pasan los años aumenta la susceptibilidad a la depresión.”

Heath Ledger
López Rosetti vuelve a subrayar los puntos de contacto que existen con el síndrome del estrés, con su ciclo de alarma, resistencia y agotamiento (disminución de todas las capacidades físicas y cognitivas). “De hecho, las enfermedades por estrés comenzaron llamándose «enfermedades por desadaptación». Cuando el cuerpo y la mente no pueden adaptarse a las circunstancias, aparecen las patologías. Tampoco es bueno estar «sobreadaptado»: a costa de decir a todo que sí, uno puede terminar por no poder llevar la carga que se autoimpone.”
Lo bueno es que, contrariamente a lo que muchas veces se piensa, hoy hay formas de prevenir y tratar eficazmente la depresión. “El antidepresivo más potente que hay es la actividad física -dice Marengo-. Está demostrado que resulta una adecuada estrategia preventiva”.
“No hay nada más antidepresivo que la caminata -coincide López Rosetti-. Caminata y no deporte, que implica competencia. Está muy probado. Y además, aumenta la neuroplasticidad y las sinapsis de las neuronas. En términos de salud no sé qué podría superar a una dieta equilibrada, caminata diaria y un proyecto que genere entusiasmo. Otro recurso que ofrece buenos resultados son las técnicas de desactivación del sistema nervioso simpático, o mindfulness .”
UNA GRAN LADRONA
Taragano, por su parte, subraya que “la depresión es una gran ladrona: roba el entusiasmo, la alegría, el sueño, a veces, el hambre, las fuerzas físicas, la vitalidad cotidiana, la capacidad para concentrarse y, en ocasiones, las ganas de vivir. Lo que le cuesta a la persona con depresión es moverse; por eso, una vez que está instalada es un error mandar a los pacientes a hacer ejercicio antes de iniciar un tratamiento de psicoterapia y psicofarmacología”.

hugh laurie
“Si bien la depresión es la «enfermedad de la gana» y afecta notoriamente la voluntad, sabemos que el movimiento mejora el estado de ánimo -concluye Cetkovich Bakmas- y que el tratamiento multidisciplinario es lo mejor. Todas las guías de consenso de expertos sobre la depresión dicen que la primera maniobra, si el caso no es grave, debe ser la psicoterapia. Es tan eficaz como muchos fármacos. La depresión también es una epidemia y es importante que la gente busque ayuda. El 60% va a responder a maniobras simples. En la gran mayoría de los casos se puede controlar y en general no es difícil de manejar.”.

DIARIO EL PAÍS DE ESPAÑA

PSICOFARMACOS
Pastillas para el dolor de vida
6 de diciembre de 2013 a la(s) 23:40
Pastillas para el dolor de vida
El uso de antidepresivos se ha disparado en toda Europa. En España o Reino Unido se ha doblado en 10 años. Se prescriben para la tristeza cotidiana o el duelo
MARÍA R. SAHUQUILLO 6 DIC 2013 – 19:44 CET3

El consumo de antidepresivos se ha disparado en España. Desde que se extendió el diagnóstico de la depresión y su prescripción en los centros de atención primaria en la década de los noventa, el uso de estos fármacos ha vivido una escalada constante. Su uso se ha doblado en una década. De las 30 dosis diarias por cada 1.000 habitantes registradas en el año 2000 se ha pasado a 64 en 2011, según los últimos datos de la OCDE. Y si ese incremento había sido progresivo —desde el gran salto provocado por la aparición y la popularización de medicamentos como la fluoxetina a finales de los ochenta—, desde el inicio de la crisis la escalada ha sido algo mayor. Entre 2008 y 2009 la venta en las farmacias de antidepresivos aumentó un 5,7%, y entre 2009 y 2010 un 7,5%; hasta los 37,8 millones de envases, según datos de la consultora de referencia del sector IMS Health. En 2012 se superaron, con mucho, los 38 millones.

kurt cobain
La extensión del diagnóstico de lo que se considera una depresión, la medicalización del sufrimiento más cotidiano y la indicación de estos fármacos para otras patologías (como para algunos trastornos endocrinos o para la fibromialgia), son algunas de las razones con las que los expertos explican ese incremento que se ha producido, además, en toda Europa. Pero mientras su consumo no decae, la utilidad y la efectividad de estos medicamentos para combatir las depresiones leves y moderadas está en cuestión. EL PAÍS, junto a otros cinco grandes diarios que comparten el proyecto Europa —The Guardian, Le Monde,La Stampa, Gazeta Wyborcza, Süddeutsche Zeitung—, ha preguntado durante varias semanas a los lectores si han prescrito (a los sanitarios) o tomado antidepresivos, y si han funcionado. Más de 4.000 personas de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España han aportado sus experiencias a través de un cuestionario online. La mayoría de ellos aseguran que los fármacos les han ayudado, aunque particularmente aquellos que los han acompañado de otro tipo de terapias.
En los últimos años varias investigaciones científicas han analizado la efectividad o el beneficio de los antidepresivos para combatir los síntomas leves o moderados de la depresión —para los severos no está en cuestión—. Las conclusiones han sido similares en todos ellos: por sí solos su eficacia es muy limitada. Así lo determinó, por ejemplo, un amplio estudio realizado en 2008 por investigadores británicos sobre tres de los principios activos que, aunque ya no lo son, eran los más vendidos en ese momento: fluoxetina (el popular Prozac, que durante años se denominó ‘la píldora de la felicidad’), venlafaxina (Efexor) y paroxetina (Serotax, conocida también como ‘píldora de la timidez’). El análisis, publicado en la revista Plos Medical, determinó que para aquellos pacientes que no tenían síntomas graves los antidepresivos eran igual de útiles que una pastillita de azúcar; es decir, un placebo. Otro trabajo más reciente —de este mes— realizado por expertos neozelandeses con los datos de 14.000 personas que consumieron antidepresivos durante más de un año determina que este tratamiento farmacológico no se traduce en una mejora a largo plazo en los pacientes con trastornos del estado de ánimo.

Seguimos con depresión

Sin otra terapia, los fármacos no siempre sirven para síntomas leves
“Hay un consumo indicado por los médicos pero reclamado por el paciente para problemas relacionados con el sufrimiento y el dolor. Para afrontar un duelo, para paliar el malestar tras una ruptura amorosa, también para los problemas laborales”, apunta Eudoxia Gay, presidenta de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN). Los médicos, reconoce, los prescriben para afrontar estas realidades y también para los síntomas leves y moderados. Y estos fármacos, precisan desde el laboratorio Lilly —fabricante de algunos de ellos—, están indicados para el trastorno depresivo mayor. “Para ello sí son útiles. Pero, aunque hay que revisar caso a caso, para paliar el sufrimiento cotidiano, al igual que para los cuadros menores de ansiedad, son más eficaces otras terapias que mejoran y no cronifican el sufrimiento humano que tan mal se tolera hoy y al que se responde farmacologizándolo”, sigue Gay.

El consumo de antidepresivos.
Ejemplo de ello es que al ritmo que han crecido los antidepresivos lo han hecho también los ansiolíticos (cuyo uso ha aumentado un 37,3% desde el año 2000 a 2011) y los medicamentos hipnóticos y sedantes, que se han incrementado un 66,2%, según un estudio de investigadores de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. De hecho, un informe de la Junta de Andalucía resume que la depresión o los trastornos ansiosodepresivos son la tercera causa de consulta en Atención Primaria.

En España en 2012 se vendieron 38,7 millones de envases de estos productos
El psiquiatra Alberto Ortiz Lobo cree que bajo la etiqueta de ‘depresión’ se están patologizando emociones normales. Asegura que en los años noventa la industria farmacéutica y algunas sociedades médicas hicieron programas específicos y campañas de difusión para ayudar a detectar la depresión. “Desde entonces ha sido un no parar, porque se han ampliado los límites de lo que se considera una depresión. Ahora tras ese constructo, bajo ese paraguas, se mete cualquier sintomatología de tristeza o desánimo que se pueda tener, aunque sea sana, legítima y proporcionada”, dice. Tanto la detección actual de la depresión como la prescripción de antidepresivos, apunta, son parámetros que están lejos de las cifras de prevalencia de esta patología en la población general de los estudios epidemiológicos clásicos, que sostienen que afectaría a entre el 3% y el 9% de la población.

With Kate Hudson,
José Antonio Sacristán, director médico de Lilly España, apunta otros factores que podrían haber contribuido al aumento del uso de estos fármacos. “Primero que los actuales son más seguros y mejor tolerados que los primeros antidepresivos”, dice. Segundo, asegura, “que se ha demostrado su eficacia y han sido aprobados por las agencias reguladoras para el tratamiento de otras patologías mentales como los trastornos de ansiedad”.

Cada vez más médicos ‘recetan’ deporte, libros o psicoterapia
En otros países, con algunas tímidas excepciones, como Holanda, la situación es similar. En Alemania, Bélgica o Reino Unido, el consumo de medicamentos indicados para este problema han aumentado tanto como en España. “Se suelen prescribir estos fármacos con mucha facilidad. Y muchas veces los pacientes piensan que si están medicándose y no les funciona es porque necesitan algo más fuerte, no porque quizá no estén deprimidos”, remarca Alain Vallée, psiquiatra en Nantes y uno de los más de un centenar de profesionales sanitarios que contestó a la encuesta puesta en marcha por los seis diarios europeos. La mayoría de ellos, como recoge The Guardian —que ha verificado y ha hecho un tratamiento a fondo de los datos—, sostiene que en gran parte de Europa hay una amplia “cultura de la prescripción”. Apuntan que los antidepresivos son un buen recurso, y necesario, para tratar la depresión severa pero también hablan de su frustración para abordar los casos leves o moderados debido a los escasos recursos, tanto de tiempo como de disponibilidad de otras terapias.

 Diana Spencer

A Laura le mandaron estas medicinas cuando su madre enfermó
En España, el grueso de la prescripción de antidepresivos se realiza en atención primaria. De hecho, solo el 30% de estos fármacos se recetan por un especialista. Los recursos no son, ni mucho menos, abundantes: en la sanidad pública hay menos de seis profesionales sanitarios especializados en salud mental (psicólogos clínicos o psiquiatras) por cada 100.000 habitantes. Esta cifra, apunta Carlos Mur, director científico de la Estrategia Nacional de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, no es crítica pero está lejos de la de países como los nórdicos. En Suecia, por ejemplo, hay casi el doble.
Mur —que cree que más que un aumento de personal, lo que hace falta es una mejor gestión del que hay— aclara que esa cifra se obtiene por estimación. No hay datos oficiales que permitan contabilizar de manera clara los servicios de salud mental que hay en el país, aunque la estrategia que coordina está realizando un estudio para poder dibujar un mapa claro. Un estudio de la Asociación Española de Neuropsiquiatría de 2010 hablaba de datos similares a los que menciona Mur, pero mostraba también otro ángulo importante: la gran diferencia entre comunidades autónomas. Un ejemplo: en Galicia contabilizaron 2,30 psiquiatras trabajando para la sanidad pública por cada 100.000 habitantes, en Asturias 5,20.

Hay menos de seis profesionales de salud mental por cada 100.000 habitantes
Laura Crespo tomó antidepresivos durante más de seis meses. Su médico de cabecera se los recetó cuando diagnosticaron cáncer a su madre. “En su momento la medicación me ayudó. No levantaba cabeza, estaba tristísima y necesitaba sobreponerme rápido para poder asumir con ella el tratamiento; para poderla acompañar y sostener”, cuenta. No hizo otra terapia. “La verdad es que prefería el tratamiento con fármacos”, reconoce. Carlos R. acudió al centro de salud porque estaba triste y desganado. “Estaba deprimido…”, resume. “Me recetaron antidepresivos pero después, por mi cuenta, decidí ir al psicólogo. Creo que eso fue lo que más me ayudó aunque estuve combinando ambas cosas hasta que dejé progresivamente la medicación”, cuenta. En su caso fueron problemas laborales y familiares los que le provocaron el sufrimiento. “Sigo yendo al psicólogo, aunque hemos espaciado las visitas”, dice.

Experiencias europeas diversas
M.M DEPRIMDAMás de 4.000 europeos que toman o tomaron antidepresivos contaron su caso en la encuesta puesta en marcha por EL PAÍS y otros cinco medios europeos —The Guardian, Le Monde, La Stampa, Gazeta Wyborcza, Süddeutsche Zeitung—. La mayoría cree que les ayudaron; otros que sin otras terapias no hubieran servido. También hay experiencias negativas. Dos ejemplos:
– Bob tomó un tipo de estos fármacos durante tres años. Dejó de hacerlo por el efecto que tenían en su vida diaria. “Al principio me sentí mejor, pero a la larga me volví una persona que no tenía emociones ni sentimientos”, cuenta a través del cuestionario online.
– Megan cuenta cómo los fármacos no le devolvieron la felicidad. “Pero me sacaron de la oscuridad y me permitieron ver con perspectiva mi problema”, dice. En su caso, su problema lo causaba la enfermedad de su madre y sus dificultades laborales.
“Aunque en algunos casos pueden ayudar a superar una situación puntual, los fármacos no van a dar solución a las depresiones o problemas cuyo origen es social o psicológico. Son fármacos, además, que aunque se han perfeccionado mucho, tienen efectos adversos y su tratamiento no se puede discontinuar así como así”, aclara Mur. Este experto, que además, es gerente de un instituto psiquiátrico de Leganés (Madrid), asegura que son cada vez más los médicos de atención primaria que derivan a los servicios de salud mental —aunque la gran mayoría ya llevan pautado el tratamiento farmacológico— y que recomiendan otras terapias que pueden ayudar a superar el problema o a lograr mayor bienestar. “Está ganando terreno la psicoterapia y opciones como el Yoga o el Mindfullness”, dice.
A Adrián, funcionario de 43 años, el médico le recomendó varios libros y a Lucía, de 17, la derivaron a la consulta de salud mental de su ambulatorio. “Allí, la psicóloga me dijo que viera varias películas, todas protagonizadas por mujeres; la idea era que tomase referentes”, cuenta. El psicólogo Antoni Bolinches, que ha escrito varios libros de autoayuda como Tú y yo somos seis o Peter Pan puede crecer, expone que en las depresiones leves o moderadas los fármacos tratan los síntomas pero no la causa. Por eso, a veces, cuando el tratamiento acaba el problema sigue ahí. “Las depresiones exógenas o reactivas, es decir aquellas que vienen de fuera, de algo que te está afectando o que te ha sucedido, deberían tratarse sobre todo, o también, psicológicamente. Porque si el paciente aprende a llevar bien el problema obtiene el doble de beneficio: lo supera pero además aprende”, dice. Sin embargo, reconoce que hay personas que prefieren tomar medicación. “Hemos creado un modelo social en el que no estamos acostumbrados al esfuerzo y a las dificultades, por eso recurrimos a la farmacología”, dice.
Gema (que prefiere no dar su apellido) explica que estuvo tomando primero ansiolíticos y después antidepresivos casi un año. “En mi caso se me juntó todo: el fallecimiento de mi padre, problemas en el trabajo y en mi relación. Hablé con el médico porque estaba fatal y me los recetó. Ahora estoy mejor, me siento más fuerte para afrontar las cosas. La verdad, si hay algo que me puede ayudar no sé porque no lo iba a usar”, incide.

Una experta: “El sufrimiento se tolera mal y se está farmacologizando”
El psiquiatra Alberto Ortiz Lobo explica que los fármacos para tratar la depresión inducen ciertos estados psicológicos. “Suelen producir un distanciamiento emocional, para bien o para mal, de lo que está pasando. Si estoy tristísimo eso me viene bien, pero ya no vivo tan intensamente. Eso, por ejemplo, provoca una pérdida de deseo sexual o una lejanía de otras cosas”, matiza.

 Marilyn Monroe
Este experto cree que una de las dificultades que afrontan los médicos ante los síntomas que se podrían definir como depresivos leves o moderados es la de saber dónde está el límite entre la normalidad y la patología. “Para ello hay que hacer una evaluación del individuo, se necesita tiempo y también un seguimiento”, expone. A veces ninguna de las dos partes lo tienen fácil para sacar ese hueco.
Mur explica que dentro de la revisión de la Estrategia de Salud Mental, que se está haciendo ahora, hay varias líneas destinadas a mejorar la colaboración y la interacción entre la Primaria y la atención especializada. Con ello se mejorará la atención de esta patología, apunta. Reconoce, sin embargo, que el texto que coordina y que sirve de pauta para abordar los trastornos mentales se centra sobre todo en los graves. “El abordaje de los síntomas leves o moderados de depresión es una asignatura pendiente a pesar de que es un problema social creciente”, dice.

Marilyn Monroe FIN

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